Lagrimas por un ángel
Enero 2006
Amigo Freud:
Te has preguntado alguna vez ¿cuántas gotas contiene el océano?, yo no, simplemente pienso en las lágrimas derramadas en épicas batallas que enfrentamos con nosotros mismos que al derramarse continuamente van llenando el lecho del mar… o más bien diría ¿cuántas lágrimas he derramado ante cíclicas heridas que al transcurso de los años no acaban de cerrar y contribuyen a agrandar su inmensidad?.
Mi querido psicoanalista... si algún día tu Penélope tuvo que enfrentarse al más terrible de sus temores y de sus dolores, es precisamente este día, más bien noche; hoy no hablará la paciente Penélope que espera a Ulises, ni la que astutamente engaña a los pretendientes tejiendo y destejiendo, en esta ocasión no saldrá la Penélope de zapatitos de charol de Serrat, ni la que se inconforma por las injusticias de género, ¡no…! ¿acaso lo que observo en tu rostro es intriga?
-Permite que me acomode en el diván y frente a este inmenso cielo cuajado de estrellas sonrientes te narre la Penélope madre, aquella que finalmente ha reunido el valor de sentirse capaz de derramar todas y cada una de las lágrimas contenidas y permitir que fluyan para contarte lo más vulnerable de su historia…
-Escucha: “Penélope...hoy para el desarrollo de este relato, te encuentras sosteniendo firmemente la punta del lazo que te conduce al fondo del laberinto de yo más íntimo, como Ariadna que frente al minotauro cuando sabes inevitablemente que te diriges al interior del mismo para enfrentar su centro: el duelo larga y silenciosamente vivido al entregar a la eternidad una estrella más”
-Como ves, hoy no jugaremos al gato y al ratón, ni haremos alarde de la ironía, simplemente dejaremos fluir libremente las lágrimas por las mejillas, tal vez viviendo la catarsis más dolorosa., pero -shhh, calla, aún la puerta no cede del todo.
Únicamente traslada a tu mente la pregunta que te taladra: ¿En las pérdidas y duelo es privilegio de género tener oportunidad de llorar y expresarnos o es cuando como pareja hombre y mujer sentimos el mutuo dolor que nos acompaña?
Y aunque haría un largo tratado del dolor compartido ante la pérdida en pareja, el privilegio de la escritura de género me conduce a plantear que al transcribir este análisis sabes que como mujer percibes que tus manos tiemblan y las lágrimas escurren mientras enfrentas al dilema de saber si serás capaz de hablar tanatológicamente; - no me mires con esa cara de estás enredando el tema y déjame seguir…
Las palabras se agolpan, los recuerdos fluyen y no puedes cristalizarlos, el dolor es inmenso y surge la disyuntiva
Ahora dime: -¿Puedes como mujer y madre apartar tu alegría inmensa y tu dicha de saber que tienes y vives por y para amar a tus hijos o puedes sentarte una vez cada año y contemplar que una parte de tu alma se quedo estacionada un día entre la felicidad inmensa y el dolor de aquel que sabes que nunca pudo llegar?
¿Amar olvidando a quien no alcanzo a nacer o vivir por lo que amas?, desnudar el alma y dejar escapar los sentidos ante el hijo no nacido es el dolor más inmenso cuando no logras aullar lo, cuando no lo gritas, cuando te corroe el alma y lo callas para olvidarlo en un juego de espejos que refleja la vida de día y los recuerdos en los sueños noche a noche hasta que su imagen se presente en la cara de mil posibilidades y recuerdes el día de su partida como un largo silencio que finalmente tu alma ya no calla.
-Mi querido Freud, deja a un lado tu taza de café y con esa mal disimulada cara de inquietud, explícame la razón que produce el profundo dolor que taladra a toda Penélope que ante el rol de madre enfrenta la desesperanza de ver desprendida de sus entrañas su alma misma cuando un ser suyo se vuelve ángel antes de ver la luz… -dime amigo si es acaso la supremacía del instinto o la cultura o simple dolor de ser mujer en un mundo que no respeta géneros, el que te arrancará más aullidos que el saber que no conocerás su cara, ni tocarás sus manos, ni oirás su risa.
A pasado Diciembre una vez más y otro aniversario se cumple en fatídica fecha, y te sientes en la dualidad madre orgullosa con lo más maravilloso de su vida que sabe que posee a sus hermosos hijos, aquellos que aún carga en sus brazos y llena sus ilusiones los ve crecer preparándose para algún día emprender el vuelo y la imagen escondida que se contrapone de mujer, madre y esposa que guarda la pérdida de hij@ no nacid@, no llorad@ por consecuencia, no olvidad@
Penélope recuerda aquella voz que se asoma desde la lejanía y afirma que estadísticamente cada madre pierde al menos un hijo en su vida por causas desconocidas, naturales, irreconciliables, y agrega con inmensa buena fe: “recuerda que ya tienes uno y pensábamos que ni uno podrías tener” ¿acaso el dolor de no conocerl@ atenúa ante esta premisa?, palabras vanas cuando la estocada final cae y escuchas: ya no se mueve…esperamos a que por vía natural sea expulsado o procedemos a sacarlo?...la decisión es tuya, y el dolor y la angustia también…
-Vamos Sigmund, a esto no lo llamo causas naturales, es más bien de la rabia contenida, del dolor desbordado, de llanto inacabado que, ante el duelo no tenido, aparece fielmente en tus sueños recordando un sentimiento escondido, finalmente hoy, en el diván y con los ojos hinchados, en ejercicio de escritura grito: ¡amaba profundamente ese ser que no acuné y nunca vi, pero que por algún tiempo formó parte de mí, plenamente amado y deseado, y nunca olvidado.
-Dime amigo: pueden los ángeles visitar los sueños de esas madres y ser abrazados y besados o simplemente escaparon al infinito para aumentar el inmenso número de estrellas que alumbran en la oscuridad su camino para que con cada titilar dejen caer la mejor de sus sonrisas y nunca llegue el olvido.
In memorian de tal vez una bella y nunca vista María
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