martes, 17 de junio de 2025

domingo, 15 de agosto de 2021

No soy Penélope, pero juego a tejer historias

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No soy Penélope, pero juego a tejer historias


Al escribir este ensayo comienzo una venganza demorada ya por largo tiempo, debo enfrentar la realidad de una vida entrelazada con la literatura que unas veces ha querido volverse creativa y otras, la mayoría de ellas, se ha quedado en la frustración al comprender que no siempre querer es poder. Transmigrarme en Sherezada era más sencillo que volverme una Sor Juana, la ironía de la segunda me acompañan de manera permanente, pero también la sensualidad, el movimiento, el ingenio y la soltura para envolver a otro con mis relatos aprendidos, pero cuando la pluma exige la creación propia, el terror de la celda de Sor Juana, desprovista de sus amados libros  se convierte en el infierno tan temido que me alcanza, estas sensaciones y el descubrimiento de la escritura de Rosario Castellanos que con su lenguaje impregnado de sensaciones de desesperanza y desasosiego se van convirtiendo en el escudo que me permite sobrevivir en un mundo donde todos pueden crear pero yo solo tengo la habilidad para criticar; así, no sin  miedo pero sí con  deseos enormes de ser aceptada en esa élite literaria que me maravillaba pero a la vez aterrorizaba de forma paralela, así que, de forma inesperada y casi casi obligada por una tarea de Didáctica de la escritura y la guía paciente y sincera de una querida amiga que me atrevía a ir desarrollando mi alter ego en la escritura a la cual denominé Penélope; ya tenía una máscara para escribir, pero el miedo seguía invadiendo mi ser.
 La venganza ha sido compañera de la civilización, es con ella que se ha ido construyendo lenta, pausada y firmemente la historia de la humanidad; venganza, tienes nombre de mujer y como ella tienes el encanto de la paciencia, la sutiliza de la palabra asestada en el momento exacto como Bernarda Alba hizo en el momento en que ante el desgarrado amor de su hija menor por el hombre prohibido la ha llevado a la muerte y ella declara que Adela ha muerto virgen, de la misma forma así me sentía ante la imposibilidad de dedicarme a escribir sobre género sin delatar aquellos pensamientos que circundaban mi cerebro. Si la venganza es asestar el zarpazo de forma rápida y terminar con esa angustia existencial, no me di la oportunidad de vivirlo de esa forma, escribía por ratos, a escondidas, temerosa de que alguien viese mis escritos. deseosa de encontrar en algún momento ese leit motiv que me obligara a no dejar la escritura hasta que pudiera llamarme dignamente escritora, primero novel y posteriormente consolidada; sin embargo, ni fluían los temas, ni las estructuras más simples del lenguaje satisfacían esa necesidad, así que tejer una serie de historias que pudieran sostener mi telaraña me fue taladrando y casi sin sentirlo empecé poco a poco a sentirme Penélope pues tejía la escritura y destejía los complejos, esta experiencia en cada linea era más difícil, más compleja, más desgarradora…
La escritura ha sido a lo largo de la historia un vínculo que permite desnudar el alma de aquellos que imposibilitados de expresar libremente sus pensamientos, crean personajes que se visten con sus complejos, se mueven con sus deseos, actúan con sus ilusiones frustradas si se habla de narrativa. Reconozco que es más fácil, simple y sencillo el trabajo de la crítica hacia la obra de otros, que el abordaje de la creación propia; así pues la frustración flotó en el ambiente por años, de forma callada y apacible, dormida en el interior de mí, pensando que si no lo evocaba, no existía, pero en verdad simplemente se acrecentaba más cada día al darme cuenta de  que por más que quisiera las ideas no acudían a la mente.
Si Funes el memorioso tenía la capacidad de recordar hasta la forma de las nubes de un día cualquiera hace “n” años, mi cabeza tenía la virtud de olvidarla con una facilidad impresionante, finalmente el olvido es un privilegio humano que nos permite borrar aquello que no queremos que los otros sepan ya que no fue puesto por escrito y en consecuencia no existe, no queda, no fluye, no se sabe.  Ahora bien, mi venganza inicia en el momento mismo en que no detengo el lápiz, mejor dicho el teclado de la computadora  cuando me atrevo a tener la fuerza necesaria de analizar una realidad que me ha acompañado por más de 30 años escribiendo primero de forma tímida algunas reflexiones, más adelante unos relatos, pasando por unos cuentos hasta llegar a unos muy pequeños ejercicios de poesía; el dique se había desbordado a la par que rumiaba por momentos la rabia de no contar con un espacio para investigación sobre literatura de género frente a mí; lo acepto, al igual que Penélope espero, tejo y aguardo el instante en que el sudario terminado me permita cambiar la rueca y escribir sin complejos, porque he logrado superarme a mí misma.

jueves, 23 de enero de 2014

Penélope







Penélope

Penélope evoca tras la ventana
la partida del amado guerrero,
acunando entre brazos la sábana
que protege a su  amor prisionero.

Del hombre  amado, promesa lejana
le mantiene esperando su  marinero,
tejiendo ilusiones  de soberana,
hoy presa de desleal caballero

urde en su mente ingeniosa artimaña,
del suegro, gentil sudario prepara
honrosas exequias, la tela engaña.

La espera se agota sin que casara
pues fidelidad su promesa entraña
aquel que una mañana la olvidara.

Mireya

Lágrimas por un ángel (17 años después)


Lágrimas por un ángel
(17 años después)
Beatriz Mireya García Guillén.

Han pasado casi 17 años y cada vez que la fecha se acerca tu ánimo disminuye y sabes que pasarás por momentos de incertidumbre, nunca pudiste ver su rostro y menos tocar sus manos o acunar su pequeño cuerpo, ¿Qué es entonces lo que te atormenta incesantemente? No existe imagen, no hay olor, nada queda; de forma maquinal revisas por enésima vez ese viejo escrito tuyo que tanto dolor te ha causado y finalmente decides que ha llegado el momento de trabajar en él sin que te destruya el alma; te diriges a la computadora y dejas que fluya como un caudal desbordado tus emociones.

Enero 2006

Amigo Freud: en tu cobardía traes al papel el personaje de ficción que tantas veces te ha hecho escribir, continúas, has empezado, parece que ya nada habrá de detenerte.

Te has preguntado alguna vez ¿cuántas gotas contiene el océano?, yo no, simplemente piensas en las gotas saladas que lentamente resbalan por tus mejillas dejando surcos ardientes de pesar cuando te has enfrentado a épicas batallas contigo misma; ese caudal salado que al derramarse continuamente va llenando el lecho del mar, te detienes y por un instante evocas ¿Cuántas lágrimas brotaron de tus ojos ante cíclicas heridas que al transcurso de los años no acaban de cerrarse en tanto contribuyen a agrandar esta inmensidad doliente que te cercena el alma? Dejas por un momento la escritura y con una melancólica sonrisa vuelves a tu trabajo, es la primera vez que respiras tranquila y tecleas:

-Mi querido psicoanalista... si algún día tu Penélope tuvo que enfrentarse al más terrible de sus temores y de sus dolores, es precisamente este día, más bien ésta noche; hoy no hablará la paciente Penélope que espera a Ulises, ni la que astutamente engaña a los pretendientes tejiendo y destejiendo; en esta ocasión no saldrá la Penélope de zapatitos de charol de Serrat, ni la que se inconforma por las injusticias de género, ¡no…! ¿acaso lo que observo en tu rostro es ironía?

-Permite que me acomode en el diván y frente a este inmenso cielo cuajado de estrellas sonrientes te narre la Penélope madre, continúas, aquella que finalmente ha reunido el valor de sentirse capaz de derramar todas y cada una de las perlas que conforman su corazón desbaratado, esas que contenidas finalmente le permitirán contarte lo más vulnerable de su historia…

-Escucha con atención por favor, antes de que la cobardía se apodere de mí; levantas la mano mientras me observas,  -Penélope, me dices con voz, suave y pausada,  -debes calmarte;  por favor no me detengas, no ahora que te encuentras sosteniendo firmemente la punta del lazo que te conduce al fondo del laberinto de tu Yo más íntimo; -no te precipites, escuchas,  -recuerda a Ariadna frente al Minotauro; tu corazón late haciendo patente su emoción, sabes inevitablemente que te diriges al interior de tu laberinto, para enfrentar su centro; asientas con la cabeza, le sonríes y te preparas: el duelo larga y silenciosamente vivido al entregar a la eternidad una estrella más, está claramente frente a ti pugnando por salir desde lo más hondo.

Pero -shhh, calla, aún la puerta no cede del todo; mientras tus manos tiemblan
únicamente gira incesante en tu mente la pregunta que te taladra hasta que por fin se desborda: -¿En las pérdidas y duelo es privilegio de género tener oportunidad de llorar y expresarnos? o ¿Es cuando como pareja, un hombre y una mujer sentimos que el mutuo dolor que nos acompaña nos funde en uno solo y desamparado?

Nuevamente sonríes mientras me observas y levantas el lápiz entre tus manos para acercarlo primero a tus labios en actitud taciturna y respondes: 

- Aunque haría un largo tratado del dolor compartido ante la pérdida en pareja, sabes que cada uno siente en forma diferente; pero es esa conciencia del dolor el que los une y los hace indivisibles; sin embargo tras todos estos años, sabes que el privilegio de la escritura de género te ha llevado a intentar analizar la forma en  que como mujer percibes que tus manos tiemblan y, las lágrimas escurren mientras enfrentas al dilema de saber si serás capaz de hablar tanatológicamente de tu pérdida; no me mires con esa cara de estás enredando el tema y déjame seguir, me pides-.

Mientras escuchas sus palabras se agolpan, los recuerdos fluyen y no puedes cristalizarlos, el dolor es inmenso, surge la disyuntiva que te ha traído a este diván: Ahora dime: -¿Puedes como mujer y madre apartar la inmensa alegría y la dicha de saber que tienes y vives por y para amar a tus hijos o únicamente quieres sentarte una vez cada año y contemplar que una parte de tu alma se quedó estacionada un día entre la felicidad inmensa y el dolor de aquel que sabes que nunca pudo llegar?

Tu corazón grita que debes seguir por la vida un poco con el estigma de amar sin poder olvidar a quien no alcanzó a nacer  o únicamente elegir vivir por lo que amas. Ahora lo comprendes, has abierto por fin la puerta, aquella que conduce a desnudar el alma mientras agudizas al máximo todos los sentidos ante el hijo no nacido, frente a ese dolor, cada vez más inmenso cuando no logras aullar, cuando no lo gritas, cuando te corroe el alma y lo callas para olvidarlo en un juego de espejos que refleja la vida de día y los recuerdos en los sueños noche a noche hasta que su imagen se presente en la cara de mil posibilidades y recuerdes el día de su partida como un largo silencio que finalmente tu alma ya no calla.

Volteas y observas el impasible reloj que se encuentra en su escritorio, escuchas el movimiento imperceptible del péndulo y dices:

-Mi querido Freud, deja a un lado la taza de café y con esa mal disimulada cara de inquietud, explícame la razón que produce el profundo dolor que taladra a toda Penélope cuando ante el rol de madre enfrenta la desesperanza de ver desprendida de sus entrañas su alma misma,  al saber que un ser suyo se vuelve ángel antes de ver la luz… -dime amigo si es acaso la supremacía del instinto o la cultura un simple dolor de ser mujer en un mundo que no respeta géneros, es el que te arrancará más lamentos que el saber que no conocerás su cara, ni tocarás sus manos, ni oirás su risa.

Ha pasado diciembre una vez más, otro aniversario se cumple en fatídica fecha. Penélope recuerda aquella voz que se asoma desde la lejanía y afirma que estadísticamente cada madre pierde al menos un hijo en su vida por causas desconocidas, naturales, irreconciliables, y agrega con inmensa buena fe: “recuerda que ya tienes uno y pensábamos que ni uno podrías tener” ¿Acaso el dolor de no conocerle se atenúa ante esta premisa?, palabras vanas cuando la estocada final cae y escuchas: -ya no se mueve, ¿esperamos a que por vía natural sea expulsado o procedemos a sacarlo? la decisión es tuya, pero el dolor y la angustia también…

-Vamos Sigmund, a esto no lo llamo causas naturales, es más bien la rabia contenida, el dolor desbordado, llanto inacabado que ante el duelo no tenido, aparece fielmente en tus sueños recordando un sentimiento escondido, cuando finalmente hoy, en el diván y con los ojos hinchados, en ejercicio de escritura grito: ¡amaba profundamente ese ser que no acuné y nunca vi, pero que por algún tiempo fue parte mía, ese ser plenamente amado, deseado, y nunca olvidado.

-Dime amigo,  ¿pueden los ángeles visitar los sueños de esas madres para ser abrazados y besados? o simplemente escaparon al infinito para aumentar el inmenso número de estrellas que alumbran en la oscuridad su camino, de tal forma que con cada titilar dejen caer la mejor de sus sonrisas y nunca llegué el olvido.

Finalmente escribes al calce de la hoja, mientras te observas, ya serena, al espejo: In memorian de tal vez una bella y nunca vista María. Lágrimas por un ángel.

martes, 31 de diciembre de 2013

Asterix

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Enero 7 de 2004/31 de diciembre de 2013

Viejo y querido amigo, si, así lo digo, pues bien para los demás eras un perrito, para nosotros eras el amigo, el compañero y el miembro cinco de la familia, el que llegó un día de reyes y se fue un fin de año.

Es hoy, una noche antes de tu partida que entiendo lo importante que eres en la familia, en la vida de unos niños que acompañaste a crecer y unos padres que te adoptaron como un miembro más cuando siendo un pequeño cachorro llegaste a nuestra vidas; a mí, tu mamá, como tu veterinario y la familia decía, me diste seguridad y tranquilidad en las noches en que me costaba conciliar el sueño, a los entonces niños, compañía, alegría, juegos y hasta mordidas, a papá una compañía fiel y un juego permanente de cambio de nombres según el ronquidito que hacías.

Querido amiguito, gracias por todo y por tus largos y pacientes momentos de estancia al lado de cada uno de nosotros, hoy que sabemos que debes partir, pues amar a una mascota implica saber el momento en que debe liberarse de un sufrimiento,  sabemos que nos dejarás un hueco enorme que no llenaremos, pero a la vez nos regalaste nueve largos años de felicidad en tu compañía, además de dieciseis hermosos cachorros que junto con la divina Greta tuvieron, y si hay un cielo para perros, ahí jugarás y podrás estar sano, feliz y contento.

Hasta siempre Asterix.
Tu familia


martes, 11 de junio de 2013

Olvido



Con los brazos rotos
los ojos envueltos en lágrimas, tras las sombras del ayer,
hecha pedazos
mis ilusiones se diluyen, hoy te has ido
el abandono se insinúa con el amanecer, 
tus besos me anunciaban la despedida
mientras mis brazos se aferraban a tu espalda
como las hojas a las ramas,
pero el gélido viento de tu indiferencia
arrancaba desde mis entrañas
la certeza del olvido de un amor

Amor envejecido


Mireya 

Alba en los sentidos
Busca mi mirada tus ojos
Congela tu indiferencia mi alma
Destruye sin piedad mi poderío

Éxtasis en tus besos embriagadores,
Felicidad inmensa cuando tus dedos me acarician
Gozo en el desnudo de tu mirada
Habito en tu piel, en tu aliento
Invado el espacio que nos separa.

Encadenada al recuerdo del pasado
Final de  una historia compartida
Grito en la soledad infinita
Huyo de la sombra
Inacabada de un adiós sin sentido

Justo cuando iniciaba la aventura inesperada
Karma inevitable, devastadora
Luna, implacable destino
Muta el paraíso en la
Nada.

Olvido,
Pedazos de inmortalidad 
Regados por mi piel
Sostiene los últimos fragmentos

Tiende sus lazos a un amor envejecido…
Último instante que
Venera el recuerdo que sin piedad va
Zurciendo lenta e inevitablemente mi muerte.

Hastío

Mireya


Lenta, adormecedora, repetitiva, la nota recurrente en mi mente se convertía en una constante insoportable. Cansado, invadido por el tedio mi vista recorría la secuencia de letras del diario una y otra vez sin que en realidad mi mente lograse apoderarse de algo, fingía estar leyendo una nota, cada sonido, cada silencio era una lento recordatorio de ese aire que no circulaba, del calor que embotaba mis sentidos mientras evocaba a ella frente al teclado con los mismos dedos, en la misma nota una y otra vez desde hace tanto tiempo, desde hace tantos instantes, desde hace tantas eternidades.  La nota taladraba mis sentidos, imaginaba el movimiento de las teclas ahora un dedo en la negra ahora en la otra,  en negro y blanco, el falsete del si, hacía cada vez más difícil mi respiración, ¿cuándo había dejado de amarla?, nuevamente la pregunta escarbaba en sus recuerdos…el sonido entraba en mi cabeza o  leía la nota de la joven pianista que tocaba absorta en el piano una y otra vez la misma nota, el mismo acorde, mientras su esposo fingía ignorarla recordando cuanto le sofocaba emocionalmente la nota que le recordaba la joven que tocaba el piano.

miércoles, 5 de junio de 2013


Hastío
Mireya

Lenta, adormecedora, repetitiva, la nota recurrente en mi mente se convertía en una constante insoportable, cansado, invadido por el tedio mi vista recorría la secuencia de letras del diario una y otra vez sin que en realidad mi mente lograse apoderarse de algo, fingía estar leyendo una nota, cada sonido, cada silencio era una lento recordatorio de ese aire que no circulaba, del calor que embotaba mis sentidos mientras evocaba a ella frente al teclado con los mismos dedos, en la misma nota una y otra vez desde hace tanto tiempo, desde hace tantos instantes, desde hace tantas eternidades,  la nota taladraba mis sentidos, imaginaba el movimiento de las teclas ahora un dedo en la negra ahora en la otra,  en negro y blanco, el falsete del si, hacía cada vez más difícil mi respiración, ¿cuándo había dejado de amarla?, nuevamente la pregunta escarbaba en sus recuerdos…el sonido entraba en mi cabeza o  leía la nota de la joven pianista que tocaba absorta en el piano una y otra vez la misma nota, el mismo acorde, mientras su esposo fingía ignorarla recordando cuanto le sofocaba emocionalmente la nota que le recordaba la joven que tocaba el piano.

sábado, 9 de abril de 2011

Preparando la escritura

Se puede perder la cordura, se puede perder la esperanza pero no se pueden perder los ideales.

Han sido días de agotadora búsqueda, recordar cómo es que regresé a la escritura me han obligado a reconocer que la escritura me da vida, me fortalece y vivifica, no puedo negarme a placer de teclear mis pensamientos y saber que cuando inicio, ya no podré detenerme, escribir, soñar, soñar y escribir es la forma más sencilla de decir que estoy viva y que tengo mucho que decir.



sábado, 17 de julio de 2010

Adelante corazón...

Hay mucho trabajo, mucho que pensar, nuevas ideas que construir para crear proyectos que hagan que el año sea tan interesante e intenso como el anterior, pero que trabajo cuesta innovar cuando tu misma has puesto la muestra de lo que se puede lograr con un poco de empeño, es posible que caigas en la trampa y tu mismo digas, ¿y ahora qué?.

Lo pensaré mañana, hoy sólo me preocuparé por ser mejor que ayer, inventar retos nuevos y reinventarme, finalmente, las ilusiones sostienen a los sueños y estos hace que los imposibles sean posibles y yo tengo muchas ilusiones.