A lo largo de la historia hemos aprendido que las princesas son frágiles y rescatables,
Historia de una escritora que descubre su alma a través del proceso de escritura cuando recuerda que cada nota la hace reescribirse a sí misma en aquellos momentos en que se sienta a recuperar recuerddos que han ido entretejiendo su vida...
Al escribir este ensayo comienzo una
venganza demorada ya por largo tiempo, debo enfrentar la realidad de una vida
entrelazada con la literatura que unas veces ha querido volverse creativa y
otras, la mayoría de ellas, se ha quedado en la frustración al comprender que no
siempre querer es poder. Transmigrarme en Sherezada era más sencillo que volverme
una Sor Juana, la ironía de la segunda me acompañan de manera permanente, pero
también la sensualidad, el movimiento, el ingenio y la soltura para envolver a
otro con mis relatos aprendidos, pero cuando la pluma exige la creación propia,
el terror de la celda de Sor Juana, desprovista de sus amados libros se convierte en el infierno tan temido que me
alcanza, estas sensaciones y el descubrimiento de la escritura de Rosario
Castellanos que con su lenguaje impregnado de sensaciones de desesperanza y desasosiego
se van convirtiendo en el escudo que me permite sobrevivir en un mundo donde
todos pueden crear pero yo solo tengo la habilidad para criticar; así, no
sin miedo pero sí con deseos enormes de ser aceptada en esa élite
literaria que me maravillaba pero a la vez aterrorizaba de forma paralela, así
que, de forma inesperada y casi casi obligada por una tarea de Didáctica de la
escritura y la guía paciente y sincera de una querida amiga que me atrevía a ir
desarrollando mi alter ego en la escritura a la cual denominé Penélope; ya
tenía una máscara para escribir, pero el miedo seguía invadiendo mi ser.
La venganza ha sido compañera de la
civilización, es con ella que se ha ido construyendo lenta, pausada y
firmemente la historia de la humanidad; venganza, tienes nombre de mujer y
como ella tienes el encanto de la paciencia, la sutiliza de la palabra asestada
en el momento exacto como Bernarda Alba hizo en el momento en que ante el
desgarrado amor de su hija menor por el hombre prohibido la ha llevado a la
muerte y ella declara que Adela ha muerto virgen, de la misma forma así me
sentía ante la imposibilidad de dedicarme a escribir sobre género sin delatar
aquellos pensamientos que circundaban mi cerebro. Si la venganza es asestar el
zarpazo de forma rápida y terminar con esa angustia existencial, no me di la
oportunidad de vivirlo de esa forma, escribía por ratos, a escondidas, temerosa
de que alguien viese mis escritos. deseosa de encontrar en algún momento ese
leit motiv que me obligara a no dejar la escritura hasta que pudiera llamarme
dignamente escritora, primero novel y posteriormente consolidada; sin embargo,
ni fluían los temas, ni las estructuras más simples del lenguaje satisfacían
esa necesidad, así que tejer una serie de historias que pudieran sostener mi
telaraña me fue taladrando y casi sin sentirlo empecé poco a poco a sentirme
Penélope pues tejía la escritura y destejía los complejos, esta experiencia en
cada linea era más difícil, más compleja, más desgarradora…
La escritura ha sido a lo largo de
la historia un vínculo que permite desnudar el alma de aquellos que
imposibilitados de expresar libremente sus pensamientos, crean personajes que
se visten con sus complejos, se mueven con sus deseos, actúan con sus ilusiones
frustradas si se habla de narrativa. Reconozco que es más fácil, simple y
sencillo el trabajo de la crítica hacia la obra de otros, que el abordaje de la
creación propia; así pues la frustración flotó en el ambiente por años, de
forma callada y apacible, dormida en el interior de mí, pensando que si no lo
evocaba, no existía, pero en verdad simplemente se acrecentaba más cada día al
darme cuenta de que por más que quisiera
las ideas no acudían a la mente.
Si Funes el memorioso tenía la
capacidad de recordar hasta la forma de las nubes de un día cualquiera hace “n”
años, mi cabeza tenía la virtud de olvidarla con una facilidad impresionante, finalmente
el olvido es un privilegio humano que nos permite borrar aquello que no
queremos que los otros sepan ya que no fue puesto por escrito y en consecuencia
no existe, no queda, no fluye, no se sabe. Ahora bien, mi venganza inicia en el momento
mismo en que no detengo el lápiz, mejor dicho el teclado de la computadora cuando me atrevo a tener la fuerza necesaria
de analizar una realidad que me ha acompañado por más de 30 años escribiendo
primero de forma tímida algunas reflexiones, más adelante unos relatos, pasando
por unos cuentos hasta llegar a unos muy pequeños ejercicios de poesía; el
dique se había desbordado a la par que rumiaba por momentos la rabia de no
contar con un espacio para investigación sobre literatura de género frente a
mí; lo acepto, al igual que Penélope espero, tejo y aguardo el instante en que
el sudario terminado me permita cambiar la rueca y escribir sin complejos,
porque he logrado superarme a mí misma.