Mireya
Lenta, adormecedora, repetitiva, la nota recurrente en mi mente se
convertía en una constante insoportable. Cansado, invadido por el tedio mi
vista recorría la secuencia de letras del diario una y otra vez sin que en
realidad mi mente lograse apoderarse de algo, fingía estar leyendo una nota,
cada sonido, cada silencio era una lento recordatorio de ese aire que no
circulaba, del calor que embotaba mis sentidos mientras evocaba a ella frente
al teclado con los mismos dedos, en la misma nota una y otra vez desde hace
tanto tiempo, desde hace tantos instantes, desde hace tantas eternidades. La nota taladraba mis sentidos, imaginaba el
movimiento de las teclas ahora un dedo en la negra ahora en la otra, en negro y blanco, el falsete del si, hacía
cada vez más difícil mi respiración, ¿cuándo había dejado de amarla?,
nuevamente la pregunta escarbaba en sus recuerdos…el sonido entraba en mi
cabeza o leía la nota de la joven
pianista que tocaba absorta en el piano una y otra vez la misma nota, el mismo
acorde, mientras su esposo fingía ignorarla recordando cuanto le sofocaba
emocionalmente la nota que le recordaba la joven que tocaba el piano.
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