domingo, 15 de agosto de 2021

No soy Penélope, pero juego a tejer historias

-->
No soy Penélope, pero juego a tejer historias


Al escribir este ensayo comienzo una venganza demorada ya por largo tiempo, debo enfrentar la realidad de una vida entrelazada con la literatura que unas veces ha querido volverse creativa y otras, la mayoría de ellas, se ha quedado en la frustración al comprender que no siempre querer es poder. Transmigrarme en Sherezada era más sencillo que volverme una Sor Juana, la ironía de la segunda me acompañan de manera permanente, pero también la sensualidad, el movimiento, el ingenio y la soltura para envolver a otro con mis relatos aprendidos, pero cuando la pluma exige la creación propia, el terror de la celda de Sor Juana, desprovista de sus amados libros  se convierte en el infierno tan temido que me alcanza, estas sensaciones y el descubrimiento de la escritura de Rosario Castellanos que con su lenguaje impregnado de sensaciones de desesperanza y desasosiego se van convirtiendo en el escudo que me permite sobrevivir en un mundo donde todos pueden crear pero yo solo tengo la habilidad para criticar; así, no sin  miedo pero sí con  deseos enormes de ser aceptada en esa élite literaria que me maravillaba pero a la vez aterrorizaba de forma paralela, así que, de forma inesperada y casi casi obligada por una tarea de Didáctica de la escritura y la guía paciente y sincera de una querida amiga que me atrevía a ir desarrollando mi alter ego en la escritura a la cual denominé Penélope; ya tenía una máscara para escribir, pero el miedo seguía invadiendo mi ser.
 La venganza ha sido compañera de la civilización, es con ella que se ha ido construyendo lenta, pausada y firmemente la historia de la humanidad; venganza, tienes nombre de mujer y como ella tienes el encanto de la paciencia, la sutiliza de la palabra asestada en el momento exacto como Bernarda Alba hizo en el momento en que ante el desgarrado amor de su hija menor por el hombre prohibido la ha llevado a la muerte y ella declara que Adela ha muerto virgen, de la misma forma así me sentía ante la imposibilidad de dedicarme a escribir sobre género sin delatar aquellos pensamientos que circundaban mi cerebro. Si la venganza es asestar el zarpazo de forma rápida y terminar con esa angustia existencial, no me di la oportunidad de vivirlo de esa forma, escribía por ratos, a escondidas, temerosa de que alguien viese mis escritos. deseosa de encontrar en algún momento ese leit motiv que me obligara a no dejar la escritura hasta que pudiera llamarme dignamente escritora, primero novel y posteriormente consolidada; sin embargo, ni fluían los temas, ni las estructuras más simples del lenguaje satisfacían esa necesidad, así que tejer una serie de historias que pudieran sostener mi telaraña me fue taladrando y casi sin sentirlo empecé poco a poco a sentirme Penélope pues tejía la escritura y destejía los complejos, esta experiencia en cada linea era más difícil, más compleja, más desgarradora…
La escritura ha sido a lo largo de la historia un vínculo que permite desnudar el alma de aquellos que imposibilitados de expresar libremente sus pensamientos, crean personajes que se visten con sus complejos, se mueven con sus deseos, actúan con sus ilusiones frustradas si se habla de narrativa. Reconozco que es más fácil, simple y sencillo el trabajo de la crítica hacia la obra de otros, que el abordaje de la creación propia; así pues la frustración flotó en el ambiente por años, de forma callada y apacible, dormida en el interior de mí, pensando que si no lo evocaba, no existía, pero en verdad simplemente se acrecentaba más cada día al darme cuenta de  que por más que quisiera las ideas no acudían a la mente.
Si Funes el memorioso tenía la capacidad de recordar hasta la forma de las nubes de un día cualquiera hace “n” años, mi cabeza tenía la virtud de olvidarla con una facilidad impresionante, finalmente el olvido es un privilegio humano que nos permite borrar aquello que no queremos que los otros sepan ya que no fue puesto por escrito y en consecuencia no existe, no queda, no fluye, no se sabe.  Ahora bien, mi venganza inicia en el momento mismo en que no detengo el lápiz, mejor dicho el teclado de la computadora  cuando me atrevo a tener la fuerza necesaria de analizar una realidad que me ha acompañado por más de 30 años escribiendo primero de forma tímida algunas reflexiones, más adelante unos relatos, pasando por unos cuentos hasta llegar a unos muy pequeños ejercicios de poesía; el dique se había desbordado a la par que rumiaba por momentos la rabia de no contar con un espacio para investigación sobre literatura de género frente a mí; lo acepto, al igual que Penélope espero, tejo y aguardo el instante en que el sudario terminado me permita cambiar la rueca y escribir sin complejos, porque he logrado superarme a mí misma.

No hay comentarios.: