domingo, 4 de marzo de 2007

Reflexión en una mañana nublada

- Penélope, hace muchos días que has permanecido en silencio, me decías en tu última carta, mi querido Freud.

Creo que mis silencios no son olvido, simplemente que no he tenido cosas tan importantes que mencionarte o de cuales discutir, te hablé de la m¡partida de mi amigo Miguel, de su vida como marista, eso me hizo reflexionar en silencio acerca de la importancia de tomar decisiones y de conocer la trascendencia de las mismas, pues cuando un amigo se va a iniciar una nueva vida, hay muchos que pensamos y reflexionamos acerca de lo que hemos hecho o aquello en lo que nos hemos quedado a medias.

Alguna vez te mencioné que hay momentos en que tenemos que abrir puerta y cerrar heridas, y tal pareciera que cuando en el universo una flor se mueve es porque toda la naturaleza se acomoda.

¿A qué viene el comentario?, aquellos que hemos alcanzado los cuarenta nos damos cuenta que hace 2 años los viejos tenían 60 o más, a los 30 pensábamos que eran los que tenían 70 y ahora?,
cada vez alejamos mas nuestra responsabilidad de enterarnos que estamos creciendo, no somos los mismos de hace 20 años, pero al igual que los vinos añejados, que buenos estamos, somos más experimentados, tenemos más color, damos sabor a la vida y sobretodo: que valiosos somos.

Cuando una flor se mueve en la naturaleza, es porque todo se mueve, porque todo cambia, nada es estático y eso es lo que hace que la vida siga girando y nos siga nutriendo de experiencias y amores.

Hoy agradezco a Dios la vida y sus amores y sinsabores, no me preocupo por lo que me falta por vivir, sino por como vivirlo, no me cuestiono si tengo el mejor trabajo, sino si hago mi mejor esfuerzo, no me preocupan las canas y las nacientes arrugas, tal vez me cuestiona si las llevo con dignidad, simplemente hoy me doy cuenta que la vida es el mejor caudal de experiencias que únicamente se disfruta si estás al lado de quien amas y si has hecho todo por ser productivo, honesto, digno y feliz

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