sábado, 18 de noviembre de 2006

10 noviembre
Imágenes y mujeres zapatistas
Composición de imágenes
Por: Beatriz Mireya García Guillén.

Mi querido terapeuta:

Cuan difícil en la vida es aceptar abrir la puerta de las emociones y dejar que fluyan libremente ante el placer que nos produce la escritura, descubrir que una vez que empiezas se convierte en una necesidad apremiante que te exige más y más, que te pide que liberes el alma y desnudes el alma para liberar tus pensamientos y entregarlos a la vida dejando por vez primera de los prejuicios y los temores.

Atreverse es la palabra clave y después permitir que todo siga su curso, pues bien, amigo Freud, hoy mi faceta de Penélope te contará que escribo esta tarde para relatarte una experiencia que abrió la compuerta de emociones que ya amenazaba con desbordarse en cualquier momento; así que me senté a reflexionar si deseaba pasarme la vida rumiando la frustración de no ser investigadora en una universidad, o escritora reconocida y, decidida a responsabilizarme de mis acciones y sus consecuencias desenterré unas imágenes y un relato que hace algunos meses escribí:


Esta mañana después de la emoción sentida ante la relectura de mi “Discurso de despedida” pensé que ya nada más sería capaz de sensibilizarme, pero cuan equivocada me encontraba, la sesión de “Didáctica de la lectura” a la cual asistía dio inicio con lectura de imágenes, pero no de cualquier tipo de imágenes sino de un conjunto de fotos contextuadas en el movimiento zapatista de aquel hermoso y fatídico 1994, (quiero aclarar que aunque quise anexar esas fotos, no las pude montar, así que escogí otras que finalmente reflejan ese sentir)

Un cúmulo de emociones que removieron mi ser se agolparon de inmediato, recordé aquella mañana del 1 de enero en que al abrir los ojos lo primero que escucharon mis oídos fue que había ocurrido una matanza en Acteal, mi ser en aquel entonces cargaba dos sentimientos ambivalentes: por una parte el pesar de la enfermedad de mi madre y, por el otro, la inmensa felicidad de la gestación de mi hijo... recuerdo que al escuchar acerca las noticias lo primero que vino a mi mente fue: ¿qué pasará con los medicamentos de mi madre? ¿dónde nacerá mi bebé?, fueron momentos de angustia y aprensión terribles.

Ver las imágenes de un bebé con un pasamontañas, una pipa y un paliacate en el rostro, en el marco de los zapatistas, me hizo pensar ¿qué está pasando por la mente de quien deja una pipa en su boca? ¿qué mundo le está heredando? y como si esa fuera la llave mágica de mi baúl de recuerdos de inmediato se agolparon una serie interminable de detalles que empezaron a permitirme leer cada historia tras lo que para mí la explicaba.

Es increíble sentir como de pronto los detalles, las formas y aún más, los olores y los sonidos fueron dando forma al significado que encerraba la imagen del bebé, ¿esta es la herencia que quiero dejar? pensaba.

Narrar la forma en que lentamente sentia posada frente a mí la mirada entre felina e inquisitiva de la niña del vestido de lunares blancos de la siguiente imagen que contemplaba…, decir que sentí tristeza es mentir... sólo sentía que su mirada me acusaba de frente mientras volvían a mi mente las palabras de los maestros de lengua indígena con quienes hacía años había trabajado, que se agolpaban en mi cabeza y me decían, “nosotros hemos tomado una decisión y sabemos que hacer en caso de que lleguen los zapatistas... pero usted maestra: ¿ lo sabe?…”

Recuerso que siempre creí que me molestaban los zapatistas, sinceramente no entendía ni su ideología ni me había preocupado realmente por preocuparme un momento por conocer su mundo, tal vez fue la sensación producida en mi espalda de esa mirada acusadora la que me hizo reflexionar por vez primera en muchos años aquello que creía: “...amas la obra de Rosario Castellanos, su discurso de género, su lucha por la injusticia pero no eres capaz de traspolarla hacia la realidad actualizada esta problemática”, eres incapaz de conjugar ese universo literario que tanto te gusta y a la vez… te inquieta olvidando que la literatura es un recuperar vidas que otros han vivido... en sus ficciones sabiendo que estas imágenes ni te narran cuentos, ni ficciones o poemas de amores sabinescos desesperados, simplemente te relatan historias de temas universales: amor a la causa, esperanza en lo que crees, compromiso con vida que les tocó vivir, en pocas palabras:¡ideales!

Sin saber cómo, iba cayendo en cuenta que leer una imagen y un hecho distanciados del contexto que los genera y/o significa es ver a cuatro niñas en diferentes actitudes frente a tablones de madera que aún huelo mientras ellas confiadas se recargan en ese mundo sincrético que las explica, es dejar abierta totalmente la compuerta del ayer y permitir que la escritura recupere mi ser verdadero, es un exorcismo del alma que me conduce al dolor de la realidad y el éxtasis de la liberación que grita: abajo los tabués respecto a la escritura compartida.

De esta forma veo a las niñas en ese mundo que las resalta y me remite de nuevo a percatarme de inmediato que mi "prelectura" de la enciclopedia que traigo cargada en la mente ha permanecido escondida y encerrada bajo siete llaves para no sentir, para no recordar, para no permitir que el dolor me enfrente a una realidad que está a punto de alcanzarme ya que después 12 años de encierro sigue vigente allí, donde yo concientemente la encerré.

En una segunda imagen en blanco y negro que observo descubro que refleja a una niña en un barandal, agazapa en una galera de madera que me explican, funciona como sala de usos múltiples, mientras su mirada está inmersa en un paisaje cotidiano que me obliga a seguir su mirada en un silencioso reproche que dice a mi oído, ¡cobarde! ¿cúando abandonaste tus ideales?... y con manos temblorosas y rehuyendo la realidad poso mi mirada en un conjunto de mujeres que valientemente frente a unos soldados se forman a manera de escudo humano y pienso: si aquellas mujeres desde lo alto son capaces de repeler la agresión y enfrentar la vida “sin máscaras”, ¿por qué no vuelves tus ojos y tu espíritu hacia esas criaturas decididas y temerarias que ante cualquier situación que se presenta se fajan los pantalones y dicen ¡adelante!, ¡yo puedo…!; mujeres anónimas que en su contexto se manifiestan como verdaderas “prófugas del metate” que defienden con uñas y dientes lo que les dio la vida, que creen y tienen certeza en lo que hacen, pero no cuestionan, no se amedrentan, no callan... únicamente levanta la "voz" cuando ejercen a voluntad la cultura del silencio.

¿Acaso una simple imagen puede recuperar lo que el polvo del olvido quiso cubrir? o más bien descubro que silenciosamente una imagen puede llevarme a un mundo que al igual que mi país, fue encerrado en los altos de Chiapas para formar parte del folclor de toda nación que cacareadamente pregona el respeto a los derechos humanos mientras pregona que: ¡tenemos democracia! porque la ejercemos y la vivimos a plenitud pues permitimos que los zapatistas sigan allí libremente, en su gheto particular, dándole un toque entre pintoresco y nostálgico a esta realidad que está a punto de alcanzarme.

07:27 p.m. Agregar un comentario Leer comentarios (1) Vínculo permanente Vínculos de referencia (0) Agregar al blog
04 noviembre
Las incoherencias de la escritura de género
Penélope arremete de nuevo
O las incoherencias de la escritura de género
Beatriz Mireya García Guillén

Mi querido Freud, seguramente te has preguntado la razón por la que tu discípula de cafés y poco entendidos psicoanálisis no te ha visitado, la verdad, no he encontrado más mentiras que contarte.

Hoy frente a la computadora ante la temible hoja en blanco vino a mi mente la frase que tal vez marco mi vida y de cierta forma determinó la dualidad que he vivido: “Mujer que sabe latín…ni se casa ni tiene buen fin”, recuerdo el impacto y el estremecimiento que sentí cuando comprendí en su cabalidad la profundidad de esas palabras:

Rosario, la Chayito Castellanos como llegué a llamar en algún momento cristalizaba la lucha de género que toda la vida marcaría mi destino, “No se puede ser mujer y profesionista a la vez…”

-Pero permíteme explicar, no soy feminista, simplemente digo que por siglos los roles te han impuesto la tradición de pensar como mujer y actuar como objeto… determinado por una cultura andrógina, pero te contaré la historia que hoy te preparé para discutir.

Escribir sobre género…, vaya mi querida Beatriz, tu bocota se abrió y desbordó tres breves palabras que encierran un raudal de emociones y sensaciones que acaban de ponerte frente a la realidad, ¡yo escribo!, jajaja… dime ¿cuándo fue la última vez que te armaste de valor y dejaste que la sangre fluyera por tus manos y las lágrimas corrieran libremente por tus mejillas para dar paso a la cacareada escritura de género…

-Sí, me oíste bien, a la voz que no se queda en el murmullo de la inconformidad y el cacareado “la vida no es justa para nuestro sexo”.

-Creo mi estimado Freud que hablar de género frente a los demás no es sólo reunir un poco de información especializada y estructurarla coherentemente dejando que las opiniones fluyan a favor y en contra, para que tu ego te lleve a creer que eres una experta, jajjajaja…. Y no me mires con esa cara de la pseudoescritora cree que va a decir algo coherente e interesante.

-Más bien pienso que hablar de género es meterte en al piel la realidad del ser Mujer, como dice la canción de la D´Alessio: con todos tus dudas y soluciones, idealista y soñadora peor orgullosa de todas las incoherencias de mi sexo sin sentirme culpable de externarlas y disfrutarlas para no sufrir por cosas tan pequeñitas y empezar a ser simplemente mujer.

Acaso me dirás: -Tan insolente y descarada como temerosa y cauta al hablar de tu ser, desnudar el alma y dejar que los demás penetren a la cocina y hasta el closet de tus más íntimos pensamientos y que aunque crean estar en poder de ellos simplemente les muestres lo que quieren ver sin dejar de ser tú quien juega al gato y al ratón, dejándote en apariencia “conocer” pero nunca dejando “saber” el por qué de tu ser.

Género… un simple sustantivo que encierra siglos de sumisión y provocación que ha condenado a los seres de cabellos largos e ideas cortas como cita Darwin, a cumplir el oscuro papel de sumisión aceptada y hasta de cierta forma con orgullo proclamada como el correcto actuar; ¡No!, género no es treparse a los muslos una minúscula minifalda y tomar pastillas anticonceptivas saliendo a proclamar la libertad sexual para regresar a las 6 a preparar puntualmente la cena que a las 7 en punto enmascarada y transformada de buena y amante esposa servirás a la mesa para continuar un día más enterrando tus ideales de igualdad y de expresión.

Atreverte a entrometerte al género es tomar la responsabilidad de todas y cada una de las decisiones y sus irremediables consecuencias que a lo largo de tu vida has tomado y de cierta forma te has buscado. Mujer remite a sexo, el sexo a biología, la biología a destino y por si no lo sabes, el destino es un callejón sin salida al margen de la historia y de la libertad. Pienso que, en todo caso, no se escribe desde el sexo sino desde una subjetividad socializada; desde el género en una perspectiva no del feminismo extremo que conduce a la soledad condenatoria que reza inmisericorde “las mujeres que se atreven a pensar se quedan irremediablemente solas, sino a la perspectiva del pienso luego existo como mujer...”

Cuando naces mujer y sale a jugar el partido de la vida, te encuentras con la cancha bien marcada, definidos los espacios que te tocan pero mañosamente en tu interior sabes que el contrincante es el incentivo que de alguna forma aviva y complementa para que los dos tiempos se conviertan en una aventura que bien vale la pena vivir.

Ahora bien, hablar desde la perspectiva de mujer no es castrar la postura andrógina ni sexista mal entendida, es encontrar el justo medio que el ying yang milenario plantea como la visión del 50% que el elemento denominado complementario o en palabras llanas citado como el varón no acaba de percibir, sin que esto te lleve a salir a las calles desesperada a gritar, ¡viva fuerte sexo débil!, jajaja:

Creo que más bien conduce a disfrutar con placer el ser y el pensar libremente sin vender tus ideales, sin dejarlos agonizar bajo la supervisión andrógina que te niega identidad, es disfrutar en cada milímetro de la piel el derecho de manifestar y hacer valer tu opinión, soñar, vivir y sentir para gozar todo tu existir.

Dejarte conducir suavemente la tranquilidad de tu íntimo ser para luego cuestionarte sobre la irremediable sensación de plena libertad que te da el escribir y poder analizar que volviendo al tema que te ocupa, meditas que:

Hablar de género y escritura, será inevitablemente hablar de ti misma en tus relaciones con el mundo, la idiosincrasia del pueblo en el que vives y la profesión que con pasión elegiste y la familia que con uñas y dientes un día decidiste como leona sin reservas amar y proteger… y sabes que así mismo tu secreto liberador reside en saber que reconoces que atada a tu íntimo y más reservado ser se encuentra la dualidad que suaviza la pasión de escritora rebelde que quema tus entraña porque sabes y disfrutas el suave, provocativo y delirante aroma que a toda mujer le embriaga al sostener en su mano la flor; que tu interior es la mejor expresión de la guerra y la paz; que el amor y la sensualidad te han hecho conocer la diferencia entre poseer el verdadero amor y olvidar el desamor.

Y al llegar al final de tu disertación personal corroborar que a sabiendas que te entregas al amor sin medida y sin tiempo, que no sólo te atreves a ser insipiente escritora y luchadora literata, eres capaz de cumplir con devoción tus tareas de madre que a veces espera y otras desespera ante los amos de tu vida, conciente que en absolutamente todo tu ser, el reconocerte te lleva irremediable a vibrar y desear compartir al lado de tu pareja el olor de su piel y…además el placer que da el sólo recordar las interminables discusiones que estimulan tu intelecto y te dicen:

Penélope por tradición pero totalmente conciente de ser plena mujer por decisión…

Así pues he emmezado a desbordar el alma atormentada, mi querido Freud, hoy finalmente me decidí a seguir pagando el precio de mi catarsis, hoy he vuelto a la computadora a vaciar mi alma, a quitarme la máscara y atreverme a dejar fluir mi interior, hoy aprendí en la cara de sorpresa de mis alumnos que vale la pena escribir y difundir tus ideales.

Mi querido psicoanalista he comprendido la enorme sensación del peso de los cuarentas, no es el llegar a la cuarta década es empezar a conocer que la juventud de lozania y de buen ver ha empezado a dar paso a la tan llamada madurez,Pedro Frerríz por la mañana citaba en su noticiero, es señal de madurez el reflexionar y dejar la impulsividad a un lado apartando de tu ser a la irascibilidad de la juventud ante el fracaso de los caprichos del yo todo lo sé pero por necesidad y no madurez….
05:55 p.m. Agregar un comentario Vínculo permanente Vínculos de referencia (0) Agregar al blog
De la facilidad del engaño
A DE LA FACILIDAD DEL ENGAÑO O PENÉLOPE DE NUEVO ANTE EL PSICOANALISTA.
Relato de la gran mentira

Por: Beatriz Mireya García Guillén
verano del 2005

El día de ayer de nuevo tenía cita con el psicoanalista, tenía que platicarle todo ese caos que se apoderaba de mi alma, cómo romper con lo que por siglos la cultura y la tradición bajo el famoso y cacareado título de los deberes más sagrados de la mujer: la fidelidad y la sumisión absoluta, ¡basta ya de farsas!... mi ser entero se rebelaba, me cuestionaba profundamente. Iría al terapeuta y le diría una sarta de mentiras, me escucharía como la paciente regenerada, la buena mujer, la correcta ama de casa, esposa abnegada y madre amante.

Gastar aquellos $600 e invertir una hora escuchando: “-Qué bueno que has descubierto que tenías una fuerte crisis como la que enfrenta toda mujer que cruza por los temibles cuarentas. Sigue con tus ejercicios de relajación, escribe por las noches y saca todo lo que te atormenta, no dejes de ir a caminar y platicar con tu esposo…” Para qué serviría todo eso, mi alma se sentía cada vez más insatisfecha.

Así que decidí sentarme y no asistir al psicoterapeuta sino que se me ocurrió invitarlo a mi casa y a su lado releer lo que hace años había tomado en mis manos, en la clase de literatura del primer semestre de la licenciatura: “La Odisea” de Homero, y como si fuera ayer recuerdo perfectamente las palabras de mi profesor cuando decía: -Penélope encarna por excelencia el prototipo femenino de la fidelidad, pues la mujer griega no podía aspirar a ser más que una buena esposa “acompañada” de una excelente dote que su esposo recibía y hábilmente decidiría que finalidad darle.

Mientras mi psicoterapeuta se cristaliza a mi lado vuelvo a reflexionar: ¿Más de 20 siglos después tengo que seguir un modelo cultural impuesto por un genio machista? Que además explicaba la naturaleza humana cual predecesor de los filósofos de la naturaleza, bajo su muy particular mirada. ¿Es ésta la razón por la que hasta Serrat dice que Penélope espera sentadita en la banca a que llegue el último tren con sus zapatitos de charol? Cuando sé perfectamente que la pobre infeliz dejó que la vida pasara a su lado sin percatarse de ello.

Vamos, no me rebelo a mi destino, no maldigo mi género, pero ¿es posible que al igual que Penélope deba permanecer culturalmente atada a los clichés que dicen: las mujeres deben ser…? -Lo sé… y lo cito: cuenta el mito que Penélope tejía y destejía el sudario aguardando el regreso del amado” pero, ¿cuántas ilusiones y anhelos fueron entrelazados en los finos hilos que la gentil dama astutamente ¿tejía? cada día retardando la muerte de sus ideales o esperando la vuelta de Ulises?.. Seguramente sólo ella lo sabía, tal vez esa sea la razón por la cual sigilosamente por las noches y a hurtadillas, frenética destejía el sudario mientras contemplaba la ausente imagen de su amado desde su interior, con lo que dejaba su cuerpo vacío de emociones y sensaciones nuevas.

Ya el amanecer le aconsejaría cómo coquetear de nuevo con los pretendientes sin pasar por una provocativa, y si de pilón las males lenguas la aderezaban, sería en su sociedad vista como la adúltera mujer que les daba alas a los pretendientes, mientras el pobre Ulises compartía su lecho con la bella Circe, todo por “cuestiones de trabajo”, según rezaban las últimas noticias; lo tiene embrujado, contaba en sus escritos Homero, macho al fin.

¡OH! dioses si la magia existiese y pudiera ya sentar a Freud frente a mí y tomarnos un café en la intimidad de mi estudio mientras discutimos, de mujer que pretende incursionar en la escritura y de psicoanalista “consagrado” creo que iniciaría con un irreverente, -La verdad es que no conozco a profundidad tu teoría, más allá que lo que por obligación social debo saber, sin embargo quiero que escuches todo lo que mi ser interno quiere gritar.

Pero la charla se cristalizó más rápido de lo que imaginaba y después de releer “La tela de Penélope, o quién engaña a quién” me solté una carcajada y dije:

-Mujer plena…, exclamé, luego me detuve me detuve a pensar qué era realmente lo que encerraba esa expresión; y me dije: -Si te contesto diré: -Mira que este “trabajito” de la escritura se está convirtiendo en un constante jalar el diván del psicoanalista y sacar todo lo que tienes dentro. Shhh, ahórrate el “estás llena de traumas de la infancia”.

Por otro lado no dejo de decir que efectivamente:

-Sí me rebelo enormemente. Si soy en verdad la insipiente escritora que disfraza tras la mascara de PENÉLOPE el caos interno; entonces qué significa el hecho de estar sentada frente a la computadora escribiendo lo que viene a la mente y creando este diálogo muy al estilo de Unamuno al mismo tiempo que se lo leo por teléfono a mi amiga Tere, pero no me atrevo a dejar de cocinar mirando el reloj, pues la hora de la comida se acerca y aún no he terminado.

En valiente ejercicio de enfrentamiento me he metido, minimizando mi trabajo cuando creo que he encontrado el hilo conductor en la parte de Penélope que llevo dentro. Escribiendo todo lo que quiero romper mientras Tere me explica lo que no entiendo de tu teoría, mi querido Freud, (ya era hora que llegaras), así caigo en el cotidiano ejercicio de: Cocina, escribe, cocina escribe… ¿cuándo terminará esa rutina? Te confiero la razón, creo que como mujer he sido programada culturalmente.

Pero me inconformo y digo socialmente que como mujer vivo inmersa en la castrada posibilidad de acción igualitaria; quiero semejar a un hombre intelectualmente para descubrir lo exasperante que es ver cómo lucho y me parto el alma igual o más allá que lo que hacen los varones y tengo que volver a mi refugio de Penélope a servir la cena cada noche como fui educada.

-No te reías ni digas que lo sabias… vivo en la lucha por disfrutar el principio del placer, el deseo pleno de ser, lo anhelo y busco, pero ello me lleva a tener en ocasiones que renunciar públicamente a expresar que sí me gusta la sensualidad, y que realmente me gustaría que mi vida fuera un constante claroscuro de lo que pienso y siento, de lo que manifiesto y de cómo me sonrío, es claro que no sirvo para términos medios, o amo o mato… luego pregunto…, ¿la consecuencia?, el yo moral de la sociedad me impone el consabido “estás siendo objeto de pasiones”; luego para colmo si en ocasiones quiero sacar mi instinto y expresar la inconformidad que llevo dentro soy mal vista socialmente otorgándome de inmediato la horca. Mujer es mi condición ¿Penélope mi tradición?

¡Ay, mujer!, tal parece que he sido tentada por la serpiente, no entiendo por que simplemente “el quién engaña a quién” no reside en la infidelidad de los cuerpos sino en la infidelidad de las mentes, los ideales y los sentimientos, en la traición a tu ideología, en el entierro de los tabú que la religión y la sociedad me han impuesto. Además, si a Ulises se le pega la gana tomar como pretexto que teja o desteja mi cansancio, pues adelante, es una terapia, pues a mí me cae muy bien ocuparme de tejer o destejer mis ideales, alargando la muerte de ellos con el sudario terminado, finalmente cada uno de nosotros conoce a perfección sus propios pensamientos y, lo verdaderamente rico está en compartirlos y desenmascararlos sólo cuando así lo decidamos.

Entonces sí me atrevería a decir que Penélope teje para cerrar círculos y abrir heridas. ¿Qué hacer entonces con los pretendientes? Como no hay felicidad completa diré que el enfrentamiento con la realidad de lo inexorable de tiempo no espera y, el regreso de Ulises no puede detenerse ya, así que es el momento de cortar la madeja y medir la tela.

1 comentario:

Brenda Reyes Mayo dijo...

Pasaba por aquí para ver si había alguna entrada nueva, y la etiqueta me llamó la atención. Me han parecido excelentes reflexiones, de verdad.
Sé que la entrada es vieja, y posiblemente mi comentario llegue muy lejano. De cualquier forma, me resultó admirable e interesante.
Saludos.