sábado, 17 de febrero de 2007

Nuestros años felices son estos y no los del pasado o cuando las puertas se abren


Querido Freud:


Esta tarde de inverno mientras descanso en mi cama pienso que tiempo de reanudar nuestras acostumbradas charlas, en lo que tu finalmente logras materializarte a mi lado, imagino que tengo una deliciosa taza de café en mi mano, y digo imaginario, (pues una terrible colitis me impide tener una verdadera)


Iniciaré diciéndote que después de muchos días de trabajo sin descanso, una tranquila tarde orizabeña: llena de neblina y chipichipi son el marco perfecto para sentirme con ánimo suficiente para escribir con calma algunas de mis ideas.


Inicio diciéndote que tengo mucho que contarte, si ya lo s, yo no había querido llamarte antes, y ahora las ideas se agolpan en mi cabeza sin saber por cual iniciar..., pero si lo intento, te diré:


1.- Estoy feliz, después de mucho escribir a algunos amigos que hacía tiempo no me contestaban, tal vez por sus múltiples obligaciones, esta semana he recibido dos respuestas muy gratificantes: primero Alfonso, después de mucho tiempo en unas cuantas líneas me hizo situar mis pies en la tierra y comprender, que 42 años no son nada cuando nos negamos a crecer y que la insatisfacción que mis escritos muchas veces transmiten, no son más que gritos y susurros de un alma que se negaba a aceptar que se sentía en crisis llorando por lo que no tiene, sin ver la inmensa maravilla que le da la salud, la familia tan maravillosa que tiene (pareja e hijos) y la satisfacción de ver todo lo que intelectualmente ha caminado a lo largo de su vida; pero que finalmente acepta que la crisis de los 40´s es una forma de crecer y que es en ella en la que se atreve a volver a la escritura, pues en ella no hay límites a la creación y a la necesidad de hablar, más que los que por sí misma se imponga.


2.- El valor de los amigos en la distancia, sabe tanto cuando en simples 4 o 5 líneas, tu amiga del alma, tu hermana de alegrías y penas, te dice: tu amistad es un tesoro que guardo en mi corazón, eso vale tanto, pues Imelda sabe que la distancia es grande en espacio, pero no en corazones de amigas.


3.- Rocío mi otra gran amiga, mi hermanita mayor de la facultad, la que con paciencia y mucha alegría me mostró el mundo de la literatura plena y la vida carpe diem me enseñó que toda ilusión que se persigue siempre se alcanza, me dijo que su hija cumple 15 años y nos veríamos en esas fechas, en ese grupo de familia y amigos muy cercanos, en el cual me incluye; lo que me remueve el sentimiento y me ablanda diciendo: nosotras hace 20 años sonábamos con grandes empresas y decíamos que el mundo era comible en dos bocados, y hoy nuestro mayor triunfo se llama nuestros hijos.


tres motivos para recordar que los amigos son polvo de oro almacenado en el alma, si bien, no he dedicado un espacio a Norma: mi alma gemela, debo decir que representa el espíritu aventurero y tenaz que ante las adversidades más terribles que una mujer y madre puede pasar, su alma y su temple siempre me han hecho admirarla y quererla profundamente por la manera en que se enfrenta a la vida en cada empresa que inicia... sola o acompañada, alegre o triste, pero siempre con la frente en alto.


Como ves mi querido Sigmund, no puedo concretar un tema sin divagar en mis afectos, se que mis amigos forman una parte muy importante en mi vida, pues son las personalidades asumidas que me han permitido quitar mis máscaras en diferentes momentos de mi historia, nada fácil confiar, pero ellos me lo han permitido.


Sin embargo alguna vez te preguntarás, ¿por qué no hablo de mis hermanos?, porque ellos son mis afectos secretos, mis amores inquebrantables, las puertas sagradas que no toco mas que cuando necesito recargarme y ser una pequeña que recibe afectos, mi Angelito fuerte y comprensivo, sereno y tierno cuando lo necesito y mi Paty explosiva y fuerte que siempre me inyecta la energía suficiente para salir adelante cuando algo me parece imposible; los 3 formamos la familia más sui géneris que existe, hermanos adorados y a veces odiados cuando hacen que mi soberbia encienda mi cabeza, remanzo de amor y prolongación afectos, son tan indispensables en mi vida como los amaneceres de cada día.


Finalmente, querido Freud, me doy cuenta que a través de toda esta larga disertación no hago más que evadirme del dolor que me embarga, pues mi abuela, mi adorada abuela está enferma, pero no solo en su salud física, sino hoy por vez primera, he entendido que los abuelos crecen y envejecen y que sus cuerpos no son robles ni acero, sino ternura y tiempo trascurrido, amor prodigado y miles de sentimientos que sólo ellos saben hacerte llegar: "por favor Alicia; mejorate ya..."

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