Se que necesito escribir, no sé que quiero decir, pero esta adicción que crece a cada momento, me exige seguir y sé que si no lleno unas cuantas líneas por día, es como si algo dejara de hacer...
Quiero traer a mi mente a Penélope, aquella mítica figura que uso para decir aquello que quiero escribir, pero hoy no evoco aquella de la mitología homérica, sino a la de Serrat, y tan pronto llega, sé que puedo platicar la felicidad que siento cuando ese banca que es el cómpás de espera de la heroina de la canción se vuelve una razón de vida, mi amor si llegó, no esperé al último tren, elegí una vida útil y llena de riesgos, sin sabores y alegrías, pero llena de amor, sí de amor, y hoy lo comprobé cuando en la camioneta de mi hermana platicaba con ella de nuestra vida y lo que ha sido la existencia de cada una y llevaba en el asiento trasero a mi adorado hijo mayor y mi preciosa sobrina y al verlos tras de mí y sentirlos acercarse y ver su tamaño y escuchar su plática y su risa, decía yo, tengo un muchacho aquí, enorme y una jovencita que son el reflejo de mi rebeldía de hace años, de mi risa y alegrías, así como de muchas de mis dudas, estoy viva y los veo, y me alegro..., buena o mala, soy madre plena, he dado vida a dos niños maravillosos; tengo un compañero a quien admiro y amo con mi alma, que día a día me invita a seguir adelante con su voz tan firme y segura, con sus manos protectoras y con ese suave olor que sólo despide para mí aquellos que tienen todo mi amor...
Si bien, no he llegado al cubículo de letras, es cierto, peor tengo uno en el pasillo de titulares, y eso, he sido por mi trabajo, empeño, mi obsecada idea de entregarme a mi ideales y por mi amor a lo que hago, a la satisfacción de saber que eso es lo que deseo, y que no importa cuantas tormentas vengan, como dijo Emiliano Zapata algún día...prefiero morir de pie, que vivir de rodillas.
Vida...cuánto te debo...vida...aún así estoy en paz.
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